En India para viajar en tren lo mejor es planificar los viajes con antelación, mínimo dos o tres
días y aun así es complicado conseguir tiquetes . Lo recomendable
es hacerlo con semanas de anticipación si no se quiere sufrir con las
listas de espera o con los 'subidones' repentinos de precio de los
'emergency tickets'.
El deseo de irme al ashram de Sivananda ocurrió de
repente, no estaba en el plan, por lo que tiquete de tren imposible. Así que en estos casos la mejor opción es ir al 'bus stand' y buscar el primer bus que llegue más o menos cerca al destino. Además sabía que tendría que conectar con otros buses una o dos veces antes de llegar al lugar deseado, así es India.
Empaqué todo y salí a las 7 a.m. de Fort Kochín.
Llegué a la estación de bus, pregunté e inmediatamente me
señalaron un autobús. Tuve que capearme un charco de barro
haciendo equilibrio con mi mochila para subirme. Después de colocar
mi mochila en el suelo, en un asiento de esos de tres personas pero
sin división bajé en busca del chofer pues necesitaba ir al baño
antes. Había un señor que para mí tenía pinta de chofer, le
pregunté que cuando salía el bus, me dijo 'ten minutes', yo le dije
si me daba tiempo de ir al baño y me contestó que claro.
Se suponía que iban a ser cinco horas
de viaje. Era un bus sin vidrios, el aire circulaba libremente lo
que mejoraba la calidad del viaje. Dormitaba a ratos, cada hora
cambiaban los traseros que rozaban el mío, pero siempre señoras muy
respetuosas, pues iba del lado dispuesto para mujeres. A las 4 horas
paramos. El señor que para mí era el chofer se asomó por mi
ventana y me dijo: '20 minutes ma'am, coffee'. Salí corriendo, tenía
mucha hambre. No sé donde estaba, creo que era la única guiri o
turista en aquella estación y aunque mi color de piel siempre los
hace dudar si soy o no india, en este caso mi ropa y la mochila me
delataban.
El trayecto se
interrumpió a unas dos horas de llegar, el bus tuvo una avería. De
nuevo el señor que yo pensaba era el chofer me avisó: 'ma'am,
changing bus'. Y ahí descubrí que este señor era un pasajero más
y simplemente había estado todo el viaje pendiente de mi bienestar.
Cuando nos
cambiamos de bus nos sentamos juntos en la parte de atrás. Con un
inglés bastante limitado logramos contarnos esas intimidades de
compañeros de bus. Era astrólogo y su familia era la dueña de uno
de los templos hindúes de Trivandrum. Me enseñó sus
condecoraciones e identificaciones. Llevábamos una hora conversando
y sabía que en cualquier momento se avecinaba la pregunta de
siempre...: husband? Yo trataba de distraer el tema, estaba muy
ansiosa, este era astrólogo, no le podía mentir, se iba a dar
cuenta. Empecé a repasar en mi cabeza soluciones, así que
pensé que tenía que imaginarme un 'husband' real, entonces ubiqué a
un buen amigo en mi cabeza y respondí a todas sus preguntas con esa
imagen. No sé si lo creyó o sabía la verdad. Este viaje me ha
hecho construirme una cantidad infinita de maridos, no llevé la
cuenta ni los enlisté, pero me he divertido inventando historias de
mi marido doctor, abogado, actor, profesor de yoga, político,
psicólogo, músico, veterinario, economista, periodista, cineasta.
Ahora puedo agregar a mi lista un marido astrólogo, esa profesión
no se me había ocurrido.
Al llegar a
Trivandrum, mi amigo astrólogo me acompañó hasta la estación de
bus para hacer conexión al pueblo del ashram. No se podía esperar
pero rápidamente un señor y su familia me acogieron y se
comprometieron en acompañarme en el bus y guiarme. Por dicha,
porque ya estaba en esas zonas en donde los rótulos no tienen ni
media letra en tipografía occidental, leer me resultaba imposible.
A pesar de que eran
las 3 de la tarde y no había comido nada más que las galletas y el
café en todo el día y estaba en medio de la nada, estaba tranquila.
En este viaje he aprendido a confiar que todo va a salir, no sé si
bien o mal, pero sale, y si me preocupo gasto energía que luego
necesito para solucionar. Así que de nuevo fui víctima de los
'relevos de la solidaridad India', del astrólogo a la familia india
y de ahí al ashram.
Después del último
bus tomé un rickshaw, empezamos a subir la montaña, los pueblos
empezaron a desaparecer y las montañas a tomar su lugar. Cuando el
aguacero torrencial secuestró el paisaje y el carrito empezó a
menearse y el agua a colarse por todo lado, caí en cuenta de la
locurita que estaba cometiendo que por dicha salió bien. No sé
como lo hice, nada estaba planeado, fui conectado buses y la gente
se fue turnando para cuidarme y al final llegué. El ashram de
Sivananda: tres días de silencio, yoga, meditación, naturaleza y
nuevos encuentros.
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El bus que me llevó desde Kochi hasta donde se descompuso. |
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Aquí esperando el nuevo bus. a la derecha con camisa café mi amigo el astrólogo. |