martes, 4 de febrero de 2014

Actriz de Bollywood o recorrer Pondicherry


Dejar Mamallapuram fue difícil, la tranquilidad que se respira puede convertirse en un hoyo negro de atracción fatal, pero fuimos valientes, nos fuimos a la parada de autobús para buscar la manera de llegar a Pondicherry. Con vacas de compañeras en la estación, esperamos pacientemente nuestro transporte.

Varios taxis, bueno, parecían serlo, se ofrecieron llevarnos por cómodas sumas. Pero preferimos el transporte público aunque durante el trayecto tuve algunos minutos de arrepentimiento. El bus tarda un par de horas, pero como es un trayecto “corto”, se suben cuántas personas quepan sin importar si hay asientos o espacio disponible en el pasillo. Así que como sardinas nos fuimos a Pondicherry.

Esta ciudad es bastante particular, las calles adoquinadas, los jardines en las aceras y la arquitectura francesa de los edificios provoca dudar si seguimos en ruta por India. Eso también tiene un precio, todo cuesta bastante más que en el resto de lugares visitados hasta el momento. Los hoteles son lindísimos, con patios interiores llenos de flores y muebles de alguna época lejana cuando los franceses colonizaban este pedacito de tierra. Nosotros nos quedamos en uno con menos flores y con un busto de Gandhi a la entrada.

Pondicherry estuvo bajo el mandato de Francia hasta 1954. Por eso no es de extrañar que algunos habitantes aun hablen francés, que los rótulos, señales y anuncios estén en ese idioma. Este es territorio de la Unión, es un estado aparte. Tiene su propio gobierno aunque desde Nueva Dehli les manejan el presupuesto.

Pondy es la ciudad en donde el famoso personaje Piscine Molitor Patel se cuestiona sobre las religiones y decide seguir la hindú, cristiana y musulmana. Aquí inicia la historia "La vida de Pi", libro de Yann Martel y película del director Ang Lee.

La mañana la disfrutamos con un desayuno al aire libre sobre adoquines y bajo la sombra de los árboles. Ese día pude haber lanzado mi carrera como actriz en Bollywood, pero tuve que rechazar la oferta de un productor angustiado por la falta de extras en su filmación, pues apenas teníamos tiempo para recorrer esta peculiar ciudad. Así que sin plan, ni rumbo y a la deriva, como Pi, nos caminamos Pondicherry.

Primero nos encontramos con un templo católico, más adelante nos cruzamos con la Alianza Francesa, con un Hotel en ruinas que ahora es el ayuntamiento e hicimos un breve descanso, junto con los 'pondicherrianos', en el Parque Barathi. Almorzamos por ahí y un helado de postre en el camino. Un templo hindú, mercados, bicicletas. Cuando pasábamos el límite que marcan las calles de adoquines la calma y el silencio se perdían, así que procuramos no sobrepasar esas líneas.

A las 730 p.m. nos fuimos al ashram de Aurobindo a la meditación abierta al público. Meditar en grupo es de las actividades que más recomiendo en la vida. Después nos fuimos a caminar por la Avenida Goubert a la orilla del mar. Esta calle la cierran a partir de las 6 p.m. y hasta las 7:30 a.m. del día siguiente. Los habitantes de Pondy salen y convierten la calle en un parque. Los niños jugando y corriendo, las parejas, las familias, los amigos, el mar de la bahía de Bengala, la arena, las estrellas, la luna.

Nos sentamos en un filo de acera, con los pies en la arena y nos convertimos en parte de aquello. No fui actriz de cine en Bollywood, pero aquella noche pasó ante nuestros ojos como una película. Sin mayor preocupación, ya ni sabemos qué día de la semana es, admirando la noche de Pondicherry, nos convertimos finalmente en extras de una película india con subtítulos en francés.  

En Mamallapuram esperando el bus hacia Pondicherry.
En Mamallapuram esperando el bus hacia Pondicherry.

Pondicherry.
Pondicherry.

Pondicherry.

Pondicherry.

Vista del desayuno.

Alianza Francesa.

Aprovechando la sombra para dormir.

Templo católico.

Vista del mar desde el templo católico.

Siesta mientras llegan los clientes.

En el parque Barathi.

Siesta en el Parque Barathi.  Los indios en general son muy disciplinados con la siesta, en donde sea la toman.

Parque Barathi.

Parque Barathi.

Seba se toma un respiro.

Ofrenda para el templo: puja.  Coco y banano.

Templo hindú en Pondicherry.

Algunas compras frente al templo.

Consultando direcciones.

La sombra, los adoquines, las bicicletas.  Pondicherry.

Helado!

Pondicherry.


Frente a la Bahía de Bengala: Pondicherry.

La orilla del mar de Pondicherry.

Contemplando el mar en Pondicherry.

La costa de Pondicherry.

Filmación en Pondicherry.

Filmación en Pondicherry.

Filmación en Pondicherry.

Mi reflejo en Pondicherry.

Pondicherry.

domingo, 26 de enero de 2014

Del templo del mar a la bola de mantequilla: Mamallapuram

Durante nuestro primer desayuno en Mamallapuram o Mahabalipuram decidimos que lo mejor para recorrer la colección de templos y monumentos arqueológicos del lugar era alquilar bicicletas. Después del desayuno en el restaurante de nepalíes (los nepalíes están en muchas partes de India y son una gran opción, por lo general suelen ser lugares muy limpios y la comida está muy buena) nos fuimos a buscar nuestro medio de transporte.

La caminata por la famosa calle Othadavai, llena de hostales y restaurantes, nos llevó a la playa. El mar de la Bahía de Bengala a nuestra izquierda guió los primeros pasos de exploración. Sin darnos mucho cuenta llegamos al “Shore Temple” o “Templo de la Orilla”, sitio que habíamos decidido visitar el final del día, pero ya que lo teníamos enfrente, con los pies llenos de arena y aun sin bicicletas pasamos a verlo.

Parece pequeño comparado con otros templos que he visto en India. Y bueno, ya de cerca lo es. Pero es una reliquia, esta pieza construida en piedra tiene más de mil años, se construyó por ahí del año 700 DC. Los Pallavas, una de las dinastías que gobernó Tamil Nadu, son los responsables de este templo y de casi todo lo que veríamos ese día. Ellos eran amantes y patrocinadores de grandes obras estructurales de arquitectura dravidiana, muchas de ellas en Mamallapuram.

Con el mar al fondo y acompañados por turistas indios, recorrimos el templo dedicado a Shiva, aunque también encontramos una parte dedicada a Vishnú. A la salida nuestra intención fue buscar las bicicletas, pero pronto teníamos al frente el “Arjuna's Penance”, en español llamado “El descenso del Ganges” o la “Penitencia de Arjuna”. Arjuna es un personaje del Mahabarata (libro épico de la India) quien a través de la penitencia pretendía obtener de parte de Shiva la bendición para vencer la guerra.

Este es un trozo de piedra esculpido que mide unos 29 metros de ancho y entre 6 y 13 metros de alto según el punto de donde se mire. Es un conjunto de figuras que narran historias míticas del hinduismo y del diario vivir del sur de India. Una de las figuras parece ser la de Arjuna haciendo penitencia, de allí el nombre. Pero los detalles parecen infinitos y puede uno pasar horas recreándose en la cabeza las historias a través de aquellas imágenes.

Este monumento nos invitó a seguir un camino que nos llevó a encontrar otros monumentos en piedra, en algunos momentos me recordó Hampi. Subimos, bajamos, nos encontramos con monos, lo de siempre en India, hasta que llegamos al “Five Rathas” en donde pudimos incluso tomarnos un descanso bajo la sombra de los árboles.

Este conjunto de piezas hasta hace 200 años estuvo cubierto de arena. Rathas significa carruaje en sánscrito, quizás querían representar el medio de transporte de los dioses. Lo impresionante de cada uno de estos monumentos es que cada uno fue esculpido de una sola piedra. En principio se cree que iban a ser templos, pero en realidad nunca fueron consagrados.

El atardecer lo vimos con el “Krishna's Butterball” al lado. La traducción literaria en español sería “La bola de mantequilla de Krishna”. No tengo muy claro por qué, quizás por lo frágil que se ve. Es una piedra gigante, sobre una base de piedra que se sostiene levemente de su base. Parece que el viento o un pequeño tropiezo o empujón de un visitante podría hacerlo rodar, pero al parecer ni los elefantes de los reyes Pallavas lo lograron en su momento.

Rodeados por cientos de indios que disfrutaban del atardecer con nosotros, aquel conjunto de monumentos se convirtió en un parque, niños jugando fútbol, familias compartiendo bajo los árboles o caminando por las zonas verdes, llenaron el cuadro. Así dimos por finalizado el recorrido por los monumentos que además son Patrimonio de la Humanidad según la UNESCO. A las bicicletas ni las encontramos ni nos hicieron falta.


El mar de la Bahía de Bengala.  Al fondo el "Shore Temple" o "Templo de la Orilla".  Construido alrededor del 700 DC.
En la playa.
"Shore Temple" o "Templo de la Orilla".  Construido alrededor del 700 DC.
Padre e hijo recorriendo el "Shore Temple" o "Templo de la orilla".
Recorriendo el "Shore Temple" o "Templo de la orilla".
Aquí en un breve descanso del recorrido del Shore Temple.
Los cuervos siempre presentes en India.


Desde arriba en conjunto de monumentos, el mar al fondo.

Visitante del conjunto de monumentos,
Arjuna's Penance o El descenso del Ganges o la Penitencia de Arjuna

Instante frente al Arjuna's Penance.
Caminando por Mamallapuram nos encontramos con Garuda.  Garuda es un águila que es el vehículo de Vishnú.
Graffitis en los monumentos.

Graffitis en los monumentos.
Alguna batalla.
Ganesh tallado en piedra.  En Mamallapuram los artesanos se dedican a tallar figuras en granito especialmente.

Five Rathas.


Saliendo de la escuela.

Y ella decidió que era el momento de autografiar la piedra. 
Krishna's Butterball. Ni los elefantes de la dinastía Pallava pudo mover esta piedra. Aunque parece que un leve empujón pueda tirarla.