domingo, 20 de enero de 2013

Una escapada al Caribe


No es verdad que no se puede tener todo en la vida.  Este fin de semana estuve en Barcelona pero le huí al frío por ratos y  me paseé por el Caribe de Costa Rica.  La playa, la arena el sol y sobretodo el calor son parte de mis deseos constantes, hasta hace unos pocos meses cada que vez que se me apetecía una buena dosis de esto me subía al coche o al autobús y en pocas horas mis deseos eran cumplidos. Y bueno, me muero por mar, arena y sol, y aunque aquí tengo de eso, lo de ir con chaqueta, botas y bufanda no me hace tanta gracia, la playa es para andar vestido liviano.

Así que hice la ruta que me sé de memoria y crucé las montañas del Parque Nacional Braulio Carrillo, había un sol espectacular, las montañas estaban más verdes que nunca, la humedad que aspiraba poco me dejaba respirar, pero ese oxígeno lleno de agua me refrescó inmensamente los pulmones.

La primera parada la hice en Cahuita.  Como era temprano me fui en búsqueda del Ferguson que te lleva en lancha a hacer “snorkel”.  Pronto la lancha se llenó de caras conocidas, personitas que me hace tanta falta ver y cuyo calor también necesito.  

Vimos los corales, los peces, miles de ellos, tantos que algunos ni siquiera logramos identificarlos con la lista que llevaba nuestro guía.  De pronto nuestro capitán anunció el avistamiento de un tiburón a unos cuantos metros de donde nadábamos, yo por supuesto nadé “como si no hubiera mañana” hacia la lancha para ponerme a salvo, mis compañeros de viaje, un poco más atrevidos que yo,  nadaron en dirección contraria para ver el tiburón, el cual resultó ser un tiburón bebé. Luego nos detuvimos en una playa desierta para comer piña, sandía y papaya.  Allí nos encontramos con los mapaches que como es costumbre, querían que compartiéramos con ellos nuestro refrigerio.

Como ya estábamos cerca del centro del pueblo, dejamos la lancha y nos fuimos caminando a través del Parque Nacional Cahuita.  En lugar de peces y corales, esta vez nos acompañaban los monos, los pájaros y los osos perezosos.  Una vez que llegamos a la playa de nuevo, nos dimos una siesta en la arena y bajo el sol, con ese calor de tarde que sólo se siente en el Caribe y finalmente nos dimos el tan deseado chapuzón en ese mar que más que mar parece una piscina.  Cuando salí del Parque por supuesto me tomé un agua de pipa por 500 colones que me supo a gloria.

Cuando llegó la noche nos fuimos en búsqueda de los calipsonians, y así bailamos toda la noche calypso y reggae para cambiarle el ritmo al cuerpo.

Al día siguiente: Puerto Viejo y Manzanillo.  Nos detuvimos a comer en la soda justo a la entrada de Puerto Viejo el mejor rice n’ beans del mundo, luego un patí que nos encontramos por ahí,   de postre un pan de chocolate en la cafetería de la esquina.

Nos fuimos a alquilar bicicletas para ir a Manzanillo y bajar todo aquello que nos habíamos comido.  De camino nos detuvimos en Punta Uva y nadamos en ese mar que no sólo es como una piscina sino que te permite verte los pies.  Seguimos nuestro recorrido hasta Manzanillo para esperar la caída del sol.  Los chiquitos del barrio corrían por la playa y nosotros observábamos aquello con tanto deleite, con tanto calor: sin chaqueta y sin botas.

Cuando llegamos a nuestro hostal empezó la lluvia.  Todos teníamos una hamaca en el corredor y ahí hicimos la siesta, con la lluvia del Caribe como música de fondo. Qué rico el olor de la lluvia en el Caribe, sentir el vapor que se eleva desde la calle, mientras, mi hamaca se mece, me imagino que estoy flotando en el mar mientras me caen gotitas de lluvia en la cara. Más tarde cenamos un rondón de donde Selbin y en la noche a bailar en el Johnnys, en el Maritza o en la playa.

Mientras repaso las fotografías de mis viajes al Caribe, me cargo de calor y tomo la decisión, me pongo la chaqueta y salgo a la intemperie a enfrentarme con esos ocho grados que me esperan ahí afuera.  A este invierno le queda poco y pronto tendré el calor que es lo único que le hace falta a esta hermosa costa del Mediterráneo que me acompaña todos los días, y ahí sí que tendré más que “todo” en esta vida.


Punta Uva. 2007.

Manzanillo 2007

Manzanillo 2007.

De camino al Caribe. 2007.

Desde la roca en Manzanillo. 2007.

idem.

Ferguson en la lancha. 2009.

idem.

Puerto Vargas. 2009.

Idem.

Idem.



En el mar Caribe.



Parque Nacional Cahuita.

Idem.

Punta Uva. 2010.

Punta Uva. 2011.

Idem.

Idem.

Idem.

Lluvia Caribeña. 2012.

De camino a alguna playita en el Caribe. 2012.

Punta Uva. 2012.

En bici hacia Manzanillo 2009.

Parque Nacional Cahuita. En lancha a hacer "snorkel".

lunes, 31 de diciembre de 2012

Madrid de reencuentros

Hace siete años fue mi primera vez en Madrid.  De aquella visita, recuerdo que cuando salí del metro y recibí el impacto de la imagen de esa ciudad, me impresionó muchísimo, los edificios parecían de una película, calles anchísimas, pero al lado calles estrechísimas, unas de asfalto otras de piedra.  A veces no sé si de verdad fui aquella vez o vi una película y ése es mi recuerdo.
Esta segunda vez llegué con más seguridad que la primera, siete años no pasan en vano.  Sabía que tenía que tomar el metro, ver el mapa, ubicarme y llegar a mi destino.  La primera vez que llegué estaba asustada, nunca había cogido metro en mi vida, eso de las conexiones me angustiaba y me daba terror equivocarme.  Por supuesto que todo salió bien, estas ciudades son fáciles para principiantes, pero mientras viajaba en el metro esta vez, no podía dejar de pensarme hace siete años en la misma situación.
Así que esta visita a Madrid estuvo llena de eso, del reencuentro, del reencuentro conmigo misma hace siete años.  No había caído en cuenta de cómo pasa el tiempo, siempre para bien, para evolucionar, pero también para darme cuenta de cuánto me gusta la “yo” de hace siete años, inevitablemente no soy la misma, también estoy contenta con esta “yo” siete años más viejilla.
El metro es lo primero con lo que se lidia una vez que  se llega a esta ciudad, pero los mapas están ahí puestos, las máquinas de tiquetes están ahí con claras instrucciones y si algo pasa; como a mí, que el tiquete que compré no funcionaba, siempre hay algún funcionario del metro que ayuda.
Madrid no sólo me regaló en esta visita el reencuentro con mi “yo” de antes, sino que además me juntó con una de mis grandes amigas.  Habían pasado casi dos años desde que con un gran “happening” lleno de mocos y lágrimas en un aeropuerto nos despedimos.
Inevitablemente Madrid me hizo pensar en los reencuentros.  Para que haya un reencuentro debe haber una despedida, pero a mí no me gustan las despedidas, ¡qué dolorosas que son!  Una vez estuve a punto de esconderle el pasaporte a alguien e incluso confieso haber renegado en contra de los aviones: “…si los aviones no existieran no se llevarían a mis amigos lejos y no me traerían amigos de lejos de los que luego tengo que despedirme!”.
Pero así como las despedidas son dolorosas multiplicadas por el límite más alto de desasosiego producido en el corazón, debo confesar que los reencuentros hacen valer la pena esas despedidas.  Cuando uno se reencuentra con alguien que quiere tanto, el corazón olvida el dolor por el que se pasó y retoma ahí donde lo dejó.
Así que Madrid se encargó de devolverme a mi amiga y en una búsqueda desesperada por un café Juan Valdez nos recorrimos la ciudad.  La Puerta de Alcalá, el cine Doré, Lavapiés, el barrio de las letras, La Puerta del Sol, La Gran Vía,  gran almuerzo madrileño en La Sanabresa, visita al Museo Reina Sofía. 
Paralelo a esto, noche de películas, conversaciones hasta altas horas de la madrugadas, risas, cenas con amigos protagonistas de otros reencuentros, horas de horas de conversaciones absurdas; Madrid fue testigo de todo esto.
Cuando trato de explicar por qué me gusta tanto viajar me cuesta encontrar los conceptos que lo expresen de manera clara.  Pero creo que cuando me encuentro con personas, me hago amiga de alguien de otro país, de otra cultura, sé que quiero más de eso, aunque me toque pasar por las despedidas, sé que de cada despedida me espera un gran reencuentro.
Este 2012 me ha hecho vivir muchos reencuentros, cuando tengo cerca a  los amigos o amigas de las que un avión me separó, se me olvida lo que dolió que se fueran.  Le agradezco al 2012 traerme a amigos y amigas de las que me había despedido y le agradezco al 2013 los reencuentros que me traerá y por qué no…, también agradezco las despedidas que vendrán.
El año que casi acaba me hizo despedirme de más gente de un golpe de la que me había despedido en total en mi vida…esta vez yo me fui.  De nuevo esto significó un “happening” en el aeropuerto, lágrimas, mocos, que para mí se extendieron hasta Miami donde fue mi primera escala.  Aunque soy muy feliz y disfruto cada día al máximo en mi nueva ciudad, esa despedida duele, la ausencia de quienes han estado presentes siempre se siente todos los días, pero el reencuentro me ilusiona.
Visité Madrid, esa ciudad mágica a la que tanto le canta Sabina, hice los recorridos que hay que hacer, pero entendí que los viajes que hago no sólo los hago para ver paisajes, sino para vivir los paisajes que cada uno de esos lugares dibujan en mi interior.
Museo Reina Sofía

Vista desde arriba: Madrid

Lavapiés


Plaza Mayor

De tapas en el Mercado San Miguel

Mercado San Miguel


Restaurante la Sanabresa: recomendadísimo, el cocido madrileño es espectacular!



 
 
 

domingo, 23 de diciembre de 2012

Navidad en Barcelona



Llegó diciembre a Barcelona y con este mes llegaron ferias en muchas de las calles y parques.   Entonces me fui de excursión a investigar una de ellas, esta era en el parque al frente de la Sagrada Familia. 

Al principio todo transcurría normal, figuras para los portales (o belenes como les llaman aquí), lana, piedras de colores, luces, árboles de navidad, regalos, artesanías, chocolates, todo lo necesario para celebrar una fiesta navideña.  Hasta que me detuve ante ciertas figuritas que llamaron especialmente mi atención.

No lo podía creer,  era un hombre orinando, luego a su lado otro que está cagando y así cientos de ellos en fila listos para ser comprados.  Están orinando o cagando, así literalmente.  A partir de ahí puse más atención y la creatividad alrededor de una figura cagando se extiende al infinito.

Estas figuritas se llaman caganers.  Son estatuitas de típicos campesinos catalanes cagando. Las figuras las ponen en los portales,  se supone que fertilizan la tierra y por ende traen buena suerte.  Aparte del típico caganer se puede encontrar al Presidente, Shakira, Piqué, Messi, Sabina o Serrat cagando, lo que sea que una se imagine cagando seguro que lo tienen en alguno de los puestos.

Sumado a esto me encontré con el Caga Tió.  Este es un tronco de árbol que se personaliza, en Navidad se le golpea y el Tió caga regalos para los niños.

Como si fuera poco también de regalo hay bacinillas con dulce o chocolate en forma de caca, y al parecer esto podría ser un regalo en esta Navidad para cualquiera .

Yo no quisiera que mi amigo invisible me llegara a dar una de esas bacinillas.  Los caganers sí que me encantaron y por supuesto tengo uno en mi casa.  Por el momento es la única decoración navideña de este año, pero prometo que el próximo, haré un belén en el que colocaré a mi caganer, no se puede arriesgar la buena suerte.


Al parecer una feria normal
Gente que compra pastoras y al lado quien fotografía a la Sagrada Familia
Venta de lana para el portal o belén

La Sagrada Familia al fondo

Árboles de Navidad

Figuras normales para el portal, nacimiento o belén.


Con lo barato que es bajarlo de las palmeras en Puerto Viejo....

Un nacimiento nacionalista

Los Reyes Magos

Y de pronto ahí en medio, las figuritas orinando

Y otras cagando...

Idem

Y este es el famoso caga Tió

Y aquí los creativos y los caganers
Pocoyó, Bart Simpson, Homero Simpson, Bob Esponja, todos en forma de caganers



Dedicado a mis amigos doctores allá arriba

Aquí Anonymous y Shakira

Este es el que me compré






Y no podían faltar Bruce, Serrat y Sabina.

Bacinilla rellena
Bacinilla rellena con lazo...