domingo, 4 de noviembre de 2012

Un domingo cualquiera en Barcelona.



Mis domingos, hasta hace unas semanas, por lo general funcionaban para hacer todo aquello que no logré hacer durante la semana. Ir al supermercado, el banco, comprar cualquier cosa que pienso que necesito, o el libro que se me antoja leer la semana que sigue.

Aquí en Barcelona esos planes hay que cancelarlos.  Nada está abierto un domingo.  En esta ciudad se impone descansar el domingo.   Suena casi a castigo para alguien como yo porque me cuesta no cumplir con obligaciones aunque sea un domingo.  Lo que no pensaron es que me saldría con mi astucia y pronto encontré qué sí se puede hacer un domingo.

Por supuesto que las cañitas y tapas por ahí siempre serán una opción, pero ya un par de domingos de esos me dejaron con ganas de darle más diversidad a mi domingo.  Así que hoy descubrí el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona: http://www.cccb.org/es/.

Me encontré con sorpresas interesantes.  La primera es que los domingos entre 3 p.m. y 8 p.m. la entrada es gratuita.  A mí me parece un gran incentivo, este es un país en crisis, así que poder acceder a un espacio con una programación de gran calidad es genial y un ejemplo a imitar.  Además, hoy domingo estaba lleno, me emociona mucho que la gente asista a actividades culturales, estos espacios de convivencia me parecen que son estratégicos y vitales en las ciudades (aquí habla un poco la gestora cultural que hay en mí).

En mi exploración de este Centro me encontré con la exposición “El Paralelo, 1894-1939 Barcelona y el espectáculo de la modernidad”.  Esta exposición hace un recorrido por la historia de los espectáculos que se hacían en una zona que durante esos años estuvo marginada, o sea, historia desde la periferia, esa que no se encuentra fácil en los libros.

Yo feliz ante aquella cantidad de información que seguramente era confidencial!  Me estaba enterando de los secretos ocultos de esta Barcelona. Me pregunto cuánto de esto podría hacerse en mi país.  Muchas veces se desprecia el quehacer cultural que no está en inscrito en la oficialidad que brindan ciertas élites artísticas, políticas o intelectuales.  Esa que algunos llaman cultura popular, pero que yo prefiero no darle esa etiqueta, porque casi siempre dependiendo desde dónde se diga se le asigna un carácter peroyativo.  Pero es que ese pedazo de la historia es de una mayoría, una mayoría que luego desaparece de las exposiciones, de los libros y de los museos; lo que claramente deja un vacío que a la larga es difícil de rellenar.

Esta exposición rompe con ese supuesto y coloca en un Centro de Cultura oficial, un pedazo de la historia que expone las circunstancias sociales en las que una determinada zona de Barcelona (Paralel) se convierte en un espacio para el ocio, en donde los discursos que se plantean en ese espacio geográfico transgreden la moral dando pie a una cambio importante sobre la percepción social del sexo, un espacio en el que se dieron movimientos políticos y sindicales, siendo el teatro un espacio de encuentro de mítines por la mañana y de espectáculos por la noche.

El recorrido es visualmente muy entretenido, combinan vídeos, fotos, sonido, texto y objetos.  Además el humor está presente cada tanto, lo cual da un poco de aire, pues la exposición es grande.  Creo que para poder apreciarla en detalle hará falta ir más de una vez.

Cuando terminé el recorrido me encontré justo con el inicio de una de las sesiones de la muestra audiovisual ArtFutura.  Busqué un espacio en una sala en la que ya habían cerca de 200 personas y presencié una hora y media de una muestra de cortos, muchos de ellos de animación.

Así que una tarde que no sabía cómo iba a ser, terminó revelándome los más profundos secretos del Paralel de Barcelona y dándome una sesión de cortos audiovisuales,  esto sin costo alguno.  Cuando salía del Centro, un señor que por su aspecto parecía que accedía poco a este tipo de espacios, me pregunta: ¿sabe si hay cine en un rato? y yo le digo: sí a las 7 p.m., y me dice con una gran sonrisa contagiosa: ¿verdad qué es gratuito?, y  yo le contesto con esa sonrisa que me contagió: sí señor, es gratis, vaya a buscarse un espacio que hay mucha gente! 

Documento de identificación de prostituta de la época

Idem

Guía para acceder a las señoritas de la zona

idem


Preservativo de la época

Anuncio de preservativos


"De hacer la calle a hacer el escenario" me encanta!!! el tema central para mí de esta expo.
La cultura no debe limitarse a una oficialidad de lo "correcto".

jueves, 1 de noviembre de 2012

"Si uno sabe para dónde va, no se está perdido"...por dicha mi teléfono tiene GPS


“Si uno sabe para dónde va, no se está perdido.”  Esta frase siempre la dice mi papá. De hecho, recuerdo algunas vacaciones familiares en los Estados Unidos, cuando el GPS ni siquiera estaba en el laboratorio de invenciones y el mapa era el mejor aliado, cómo en medio de aquellas carreteras inmensas, llenas de intersecciones, salidas, entradas, rótulos, que en lugar de: “A la derecha Río Segundo” o “Volcán a 10 km” tenían signos extraños como: “Exit A2, Turn Right”, o “Turnpike Highway North”… “Ajá y ¿con eso qué?, ¡queremos llegar a Disney!”, pensaba yo mientras presenciaba momentos angustiantes entre mis padres tratando de descifrar por cual de todas las salidas irnos, saltándonos incluso semáforos accidentalmente en medio de ese momento caótico que se desencadenaba al estar en medio de aquel mar de carreteras.  

En aquellos instantes de crisis, mi papá estaba al volante, mi madre con un mapa más grande que el parabrisas del carro extendido totalmente, impidiendo incluso un poco la visibilidad, cuatro niños o más gritando atrás, alguno lloraba  asustado diciendo: “Papi estamos perdidos?..” Y mi papá muy sabiamente en esos momentos decía: “No, mientras sepamos para dónde vamos, no estamos perdidos.”  Yo solía calmarme levemente ante tal afirmación.  Inmediatamente mi madre y mi padre regresaban al mapa para ver cuál de todas esas “Exits” nos llevarían a Disney.  En realidad ahora que lo recuerdo creo que sí estábamos perdidos…

Alguna calle en Barcelona.
Ilustración con fines ilustrativos, casi nunca llevo cámara cuando me pierdo.
Llegar a una nueva ciudad siempre implica perderse.  A mí en lo particular cuando soy turista “pura” hasta me gusta que suceda, me parece que es la mejor manera de conocer un destino.  Sin embargo, desde que llegué a Barcelona he tenido que lidiar con una parte de mi cerebro que desea ser una turista más y caminar hasta perderme,  y la otra parte del cerebro es la de la estudiante que necesita llevar a cabo una serie de trámites, entre ellos empezar a ir a clases a la Universidad casi al segundo de haberme bajado del avión.

Obvio que el primer día que llegué me fui por un mapa, ya me conozco y aunque me gusta eso de perderme, encontrarme (desperderme?) lo disfruto igual, por eso el mapa, me pierdo y antes de llegar a ese leve momento de angustia que a veces pasa cuando no se sabe dónde se está, abro el mapa y ya está.  Esta ciudad es fácil en ese sentido, todas las calles y avenidas están marcadas, hay estaciones de metro por todo lado, en fin, es aparentemente una ciudad amigable para los visitantes. Entonces, ante tal panorama, yo no sé por qué, pero en el mes que llevo aquí me he perdido por lo menos 10 veces (bueno esas son las que me acuerdo).

La primera vez me sucedió el tercer día de estar aquí.  Tenía que ir a la sede principal de la Universidad que queda fuera de Barcelona.  Entonces me anoté en mi libretita de viajera todas las indicaciones: metro, camino, estación de tren, llego.  ¡Muy fácil! Lo primero que me pasó cuando iba en el tren a la Universidad es que me bajé en una estación que según yo era la de la Universidad.  Salí esperando ver una sede universitaria y no, estaba en un típico pueblito catalán.  De ese día, lo que no he terminado de entender es por qué no le pregunté a mis compañeros de tren, los cuales tenían toda la pinta de ser estudiantes, si esa era la estación.  Yo los vi moverse e interpreté un amago de: se van a bajar.  Me bajé, y los vi pasar, ellos aun en el tren, y yo ahí parada en la estación de ese pueblito.  El final de esta sección de la historia se resume en que volví a comprar un tiquete de tren para cinco minutos de trayecto y llegué tarde a mi primera clase.

Una manifestación en Barcelona.  2012.
Lo normal en estos días por aquí.
Pero eso no fue lo angustiante de ese día, eso lo resolví y ahora siempre siempre siempre (o por lo menos lo intento) pregunto, si hace falta le hablo a las piedras, la timidez la he tenido que dejar relegada, yo no vuelvo a pagar dos veces tiquete de tren y menos llegar tarde: ¡he dicho!

La verdadera perdida fue en el regreso.  Venía en la línea roja de metro y me bajé en una estación en donde las calles y las salidas de metro están alrededor de una rotonda.  Entonces salí, me fijé en las calles: todas iguales. No podía distinguir por la que había entrado esa mañana. Pero muy decidida empecé a caminar hacia un lado.  Al rato de estar caminando, en lugar de ver el barrio en el que me estaba hospedando, empiezo a ver un lugar más gris de la cuenta y a percibir una sensación espesa en el aire.  Esa sensación que te dice que no deberías estar ahí.  Entonces me di cuenta que caminé por lo menos un kilómetro al lado contrario.  Finalmente me decidí a preguntar, me dan indicaciones, camino 20 minutos más hasta que de nuevo todo se vuelve a teñir de color: ya está, estoy en zona conocida.

Creo que tengo un problema de percepción de la geografía que es bastante complejo de explicar.  Se me complica con figuras como los círculos, o sea rotondas, porque si se parte por la mitad, ambas secciones son iguales, ¿entonces? ¿Para dónde me voy?  Lo otro que me pasa es que hay una diagonal que cruza toda esta ciudad.  ¿A quién se le ocurre? Entonces claro, muy cuadriculado todo, muy señalizado, pero pásele una diagonal en medio: me pierdo.
La más grave  de todas me sucedió hace una semana (digo grave porque aun no entiendo qué pasó).  Acompañé a mi amiga desde la casa al centro a una cita médica, eran unas 8 cuadras, como era nada más hacerle compañía durante el trayecto de ida, únicamente llevé las llaves de la casa y el teléfono pues regresaría pronto a casa. Dejé a mi amiga en el consultorio y me dio indicaciones: “Cata subís esta cuadra, luego a la derecha y todo recto, tené cuidado con la rotonda de Tetuán, asegurate que después de pasar por ahí seguís yendo recto hacia la casa…”.  Rotonda (hmmm…).  Ya se podrán imaginar lo que pasó después.  Caminé, caminé, caminé y caminé.  Cuando llevaba media hora y admiraba el Arco del Triunfo pensé, algo debe andar mal.  Primero, no me acordaba de haber pasado por el Arco del Triunfo, pero bueno, estaba bonito, con todos los chicos haciendo piruetas en sus bicis o las patinetas.  Lo crucé, que serían unos 500 mts.  Llegué al Parque de la Ciudadela.  Iba a entrar y cruzarlo, porque claro, tenía que ir todo recto, hasta que pensé mejor las cosas, evalué la situación, miré a mi alrededor y concluí: estoy perdida.  ¿Cuando dejé de seguir recto?  Sigue siendo un misterio.

Creo que me pasa que como no tengo que estar en los lugares a horas específicas no me presiono y ahí es donde mi déficit atencional me juega sucio.  Yo voy recto, contando calles, revisando meticulosamente sus nombres, pero en eso pasa una señora curiosa con sombrero azul, o de repente hay una conversación particular y le presto atención.  Son esos dos segundos que han marcado mi destino, dos segundos de distracción y zas! Me paso una o dos calles o tres o hasta cuatro, o en lugar de seguir recto doblo a la derecha (esa es la teoría de lo que creo me pasó esta vez).  Lo malo de esto es que no me doy cuenta de cuánto altero mi rumbo tras dos segundos de obnubilación. 

Pero bueno, volviendo a la perdida que contaba antes.  Cuando interioricé lo perdida que estaba, frente al Parque decidí caminar hacia izquierda-arriba y llegué a la famosa Diagonal.  Algo conocido, pero nada alrededor de esa diagonal me resultaba familiar.  Me senté en una banca a pensar: “No tengo mapa.  No puedo llamar a mi amiga porque está en el médico.  No tengo plata o tiquete para irme al metro…Nadie alrededor con ganas de ayudar (bueno creo que me dio un pequeño ataque de timidez…).”  Entonces tuve una gran idea: google maps.  Agradecí el momento en que decidí pagar ocho euros de más con mi línea de celular para tener Internet, empecé a navegar y cuando me di cuenta mi celular tiene GPS!!!! Bueno, le dije: GPS decime dónde estoy y ¡me dijo!, luego le dije: llevame a casa y ¡me marcó el camino! Caminé rápidamente tres cuadras hasta que me di cuenta que era para el otro lado porque la flechita del GPS me lo dijo.  Di media vuelta recorrí de nuevo las mismas tres cuadras y a la casa! Fue otra media hora caminando.  Cuando llegué a casa estaba muerta del cansancio.  Había caminado tanto qué me dolían los pies.  A los quince minutos llegó mi amiga y me ve agotada en el sillón, entonces me pregunta pero ¿qué has hecho todo este rato?. Y yo: “... (suspiro) caminar”.

A veces también me sorprendo viendo "pal techo" mucho rato,
y pasan estas fotos.
Con el pasar de los días el tema ha ido mejorando.  Cada vez más me familiarizo con esta ciudad, de hecho ya deseché el mapa de papel, el GPS está en mi celular así que me acompaña casi siempre, aunque lo uso menos.   Cuando me acerco a mi barrio se empieza a poner de colores brillantes, reconozco las calles y algunas esquinas.  Aun me falta para que pasen muchos días sin perderme, pero en realidad me gusta perderme, porque tratándose de conocer esta ciudad, prefiero no saber para dónde voy.

domingo, 28 de octubre de 2012

Mis 32 vueltas al sol!


Fue hace una semana y un día pero sigo celebrando mis 32 vueltas al sol.  Los cumples para mí siempre son importantes, me encanta celebrarlos, pero sobretodo en los últimos años me suele pasar que sobreconcientizo que cada 20 de octubre debo recordar y celebrar que se marca un paso más de 365 días, que eso implica que he crecido y sobretodo que este paso por el mundo no es eterno.

Quizás es parte de la tan estudiada crisis de los treinta, eso de ser tan conciente, o por lo menos tratar de serlo, antes no pensaba tanto (bueno quizás pensaba diferente).  Para celebrar mis cumples antes de entrar en este tercer piso me concentraba en juntar a mis amigos y familia en una gran celebración.  Entre más gente mejor, nos la pasábamos bomba!  Cómo olvidar la rocola del Malibú Bar en Mercedes Norte, o el Cha cha cha slide en la Caribeña y ni qué decir de las noches de karaoke en el Elvis!


Celebración de mis 31.  Casa de Papo y Nucky.
Teatro de la Luna 2011.


Función de Latinas en Festival del Teatro de la Luna.
Washington DC. 2011.
Sin embargo, como un mensaje de oráculo prediciendo la fiesta de mis 32, el año pasado la celebración de los 31 se canceló en Costa Rica, pues justo para la semana del 20 de octubre invitaron a mi grupo de Teatro a presentarse en Washington DC en un Festival.  Entonces, mis 31 los  pasé en Washington haciendo lo que más me apasiona en la vida: actuar.  Estaba literalmente actuando a la misma hora en la que nacía 31 años atrás, además estaba en compañía de mis grandes amigas de las tablas y la vida, actuando una obra escrita por uno de los grandes amores de mi vida… El año pasado, celebré mis 31 fuera de Costa Rica, no hubo ni cha cha slide ni Elvis, fue una fiesta con un poco menos de invitados, pero con nuevos personajes que me recibieron para celebrarme como si nos conociéramos de siempre.  Para mis 31 me regalaron la posibilidad de caminar una nueva ciudad, gran regalo para esta viajera de corazón, sentía en ese momento que no podía ser más afortunada, pensé: soy dichosa! La vida se ha encargado de darme muchos regalos y por dicha yo he tenido la sabiduría de abrirlos.

Este año todo volvió a acomodarse para que Costa Rica no estuviera debajo de mis pies mientras apagaba la velita.  Este año mis 32 años fueron celebrados en Barcelona, durante 18 horas, con eso de la diferencia horaria, empecé ocho horas antes que siempre y terminé ocho horas después de que en este país se marcaran las 12 a.m. del 21 de octubre.


En Barcelona. 20 octubre 2012.
Es extraño sentir que se está en casa cuando en realidad apenas llevás tres semanas de estar en otro país.  Pero es que Denise y su marido se han encargado de eso.  Mi mañana inició con serenata, queque, desayuno, regalos…En la noche fuimos a cenar a un sitio espectacular, un gin tonic para cerrar y a dormir.  Este año en mi fiesta éramos tres los que estábamos físicamente, pero me sentía muy acompañada y sobretodo afortunada, este par se encargó de que lo pasara de lo mejor.

Por supuesto que la nostalgia se hizo presente en algún momento, me hubiera encantado poder encapsular a unos cuantos y teletransportarlos desde Costa Rica (y otras regiones del mundo) para que fuera un cumple como los de antes. Pero mi corazón fue muy conciente de sentir que a la distancia mi familia y amigos celebraban conmigo.

De las mejores comidas del mundo.
Restaurante Da Greco, Barcelona 2012.
Más que recomendado!
Estoy encantada con mis 32 años.  Yo soy muy afortunada.  Este año me regalé para mi cumple estar en Barcelona, me regalé volver a estudiar, me regalé tomar una bocanada de oxígeno más grande que las habituales.   Esto ha provocado que mi cumple no se acabe, Barcelona todos los días me regala momentos, me regala conocer personas nuevas, me regala encontrarme personas que no veía en años pero me las encuentro de este lado del mar, me regala un “Cata” en medio de Plaza Catalunya de un  josefino errante como yo, me regala caminar, caminar y caminar a la hora que sea, me regala un frío que ya aprenderé a sobrevivir, pero sobretodo me regala una imagen nueva todos los días y una primera vez por lo menos dos veces a la semana.

No es que me quiera hacer vieja, eso asusta.  Pero es que para sentir todo esto hace falta que pasen los días y por ende cumplir años.  Yo no sé donde celebraré mis 33, sólo sé que quiero sentirme así o parecido, qué más da hacerse viejo si significa tener que abrir tantos regalos mientras eso pasa.

Algunos regalos:

De cabeza dentro de estatua de Miró en Washington DC. 2011.
Con mis amigas y compañeras de tablas. Washington DC 2011.
Idem.
Apagando mi velita 31. Washington DC 2011.
Barcelona 2012.  Una danza especial inventada luego de ver una gran vista en mirador.

Este río tan impresionante en Los Pirineos. 2012.

Hasta sol para ir a playita ha hecho.  San Pol de Mar. Barcelona 2012.

Una danza especial inventada por el éxtasis provocado por la espectacular vista.  Parc Nacional de Aigüestortes y Sant Maurici.  2012.

En Boí. 2012.
El sol se puso juguetón en la Barceloneta. 2012.

Idem.


Imposible encontrarnos en Heredia, por eso mejor quedamos en La Barceloneta por unas sangrías. 2012.

Hermoso encuentro.  Barcelona 2012.

Arriba de Barcelona. 2012.

jueves, 25 de octubre de 2012

En el Vall de Boí: caminatas, la feria , el Románico silencio y mi primer árbol de manzana

Luego de un poco más de cuatro horas de viaje llegamos.  La primera señal de que era así fue el pueblito Barruera.  Parece que este es el pueblo principal en la Vall de Boí (Vall es Valle).  Unos 3 km después llegamos a Erill La Vall, donde estaba el Hostal LaPlaça, lugar que se convertiría en nuestra base de operaciones los siguientes tres días.

Cada uno de los pueblecitos que conforman este valle tienen al menos un templo del periodo Románico.  El conjunto de estas edificaciones han sido declaradas Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO.  Estas son edificaciones del periodo correspondiente al Siglo XI y XII, durante el cual se vivió una época importante de actividad artística y constructora en la zona.

De las iglesias destacan las campanas.  Estas sustituyen cualquier reloj, pues cada quince minutos avisan qué hora es.  Todo lo demás es silencio.  “El silencio se me mete aquí”, dijo Denise.  Y es que estos pueblos rodeados por imponentes montañas, en esta época tienen poca visitación, por eso tanto silencio,  cuando hay nieve, la importante cantidad de hoteles y hostales estarán llenos.

En cambio ese fin de semana no, casi no habían visitantes, con excepción del domingo, que casualmente fue la Feria de Barruera (que se hace una vez al año, suerte de viajeras!), en la que se venden desde productos artesanales de la zona (comida y otros) hasta zapatos.  Ese domingo Barruera se llenó, no había ni donde aparcar el carro.  Pero en cuanto lo logramos nos fusionamos con los vecinos y los visitantes de la feria.




Las ferias en los pueblos tienen una magia particular, es como que lo inviten a uno a entrar a la sala de la casa.  A mí me encantan, ésta en específico tenía una especial afluencia de adultos mayores, quienes inyectaron de sabor la feria en la pista de baile.  Por supuesto que ni Denise ni yo dudamos un segundo para unirnos a la fiesta.

Aparte de la feria con la que nos encontramos, La Vall de Boí da muchas opciones para caminar por la montaña, siendo esta una de las más importantes actividades..  Como no sabíamos mucho del lugar, nos acercamos al centro de información turística que está en Barruera.  Un muchacho muy amable, aunque escéptico de nuestras capacidades como montañeras, nos brindó la información necesaria.  Puso especial énfasis en cuan difícil eran las rutas, por lo que la sabiduría nos hizo decidir por la de menos dificultad.  Nos dieron un mapa y arrancamos la aventura.

Decidimos visitar el Parc Nacional d’Aigüestortes i Estany de Sant Maurici (Parque Nacional de Aguas Torcidas y Lago de San Mauricio).  Hicimos una caminata “cuesta arriba” de dos horas y una de hora y media “cuesta abajo”, sí, tres horas y media en la montaña.  Este sendero es de los menos dificultosos, pero nuestros tobillos hubieran querido unos zapatos que los cubrieran o por lo menos unas tobilleras.  Además deseamos un bastón de esos que usan los montañistas para apoyarse, porque para bajar hubiera sido un gran alivio tenerlo.

En todo caso tampoco fue para tanto, nosotras sobrevivimos, y lo de los tobillos fue una sensación menor.   Las otras rutas no las intentamos, nos entretuvimos con la feria y las iglesias, quizás en esas rutas más difíciles sí que los zapatos más adecuados y los bastones serían necesarios.

La caminata en el Parque Nacional fue impactante, la naturaleza era imponente.  Creo que tomamos como 500 fotos o más solo en ese trayecto.  Nos preguntábamos cómo viniendo de un país tan verde, nos seguía asombrando tanto el verde.  Es que creo que este verde tiene un tono distinto, que lo hace especialmente atractivo, porque se parece muy poco al que hemos visto desde siempre.

Foto con fines ilustrativos,
no "apié" ninguna manzana, estaba en un Parque Nacional.
En el camino por primera vez tuve ante mis ojos un árbol de manzana. ¡Qué sorpresa!  Las manzanas las he dado por sentadas toda mi vida pero nunca he visto un árbol de manzana.  Pensé en la cantidad de manzanas que me he comido, ¡pero nunca he apiado ninguna!  Siempre me había preguntado como sería…Pensé: he apiado miles de naranjas, mangos, jocotes… pero nunca una manzana.

Luego de la caminata estábamos muertas del hambre, pero comer en La Vall de Boí  resulta muy complicado en ciertos horarios, especialmente si ya pasó la hora oficial de la comida. En medio de la casi ceguera y entumecimiento de músculos provocados por el hambre y el frío, encontramos un lugar con precio razonable y con un saborcito especial: el Mesón de Remein.  La ventaja de este sitio es que tienen servicio a todas las horas (por dicha!!!).  En los otros lugares la cocina cierra entre 3 p.m. y 8 p.m., o sea que cuando salimos de la montaña con aquel hambre atroz este Mesón resultó un oasis en medio de aquella montaña con ausencia de comida.  El dueño resultó ser muy simpático y hasta nos regaló un par de torrejitas que él mismo había hecho.  La desventaja fue que tuvimos que andar en coche algunos minutos y nos alejamos de Barruera unos cuantos kilómetros, pero como se trataba de alimentar a un par de montañeras hambrientas no hubo más opción.

Sin embargo, si tengo que mencionar la mejor comida de este viaje, fue en el Hostal La Plaça, lugar donde nos alojamos en Erill La Vall.  El cocinero de ese lugar tiene un gran talento, de verdad que ha sido de las mejores cenas que he tenido, qué delicia!!!  Y bueno, un cheesecake de postre que si trato de explicarles la sensación pensarían que estoy exagerando y de verdad que no estoy exagerando.  Esta fue la última cena del paseo, por lo que cerramos con broche de oro con una experiencia gourmet la visita a La Vall de Boí.

Este Hostal tiene un precio aceptable. No estábamos en plan mochilero puro, pero tenía un precio medio.  Además el lugar es bellísimo, justo al lado había una ermita con su respectivo cementerio (lo de la ermita y el cementerio se repetirá en el resto de pueblitos).

Este cementerio (y casi todos los de la zona), era pequeñito, a la vista habían unas treinta lápidas, además tienen un aire de misterio que en la noche con la neblina se exacerba.  Yo me animé a entrar en la noche a hacer unas cuantas fotos, no pasó nada fuera de este mundo (eso creo...), pero si ven alguna imagen medio sospechosa en estas fotos pues creo que sí, así tendría que ser, este lugar debe estar lleno de personajes, historias y seguro que de sustos…

Mucho del tiempo durante las noches lo pasamos en Erill La Vall, ahí estaba nuestro hostal.  El hostal era hermoso de por sí y como teníamos tanto tema que conversar y ponernos al día fue un espacio muy cálido.   Bueno, lo de cálido sí que es una metáfora, porque el frío se puso feo en la noche.  Cuando bajé a preguntar por qué no ponían la calefacción me contestaron que porque aun no hacía frío (¿cómo? no quisiera vivir el verdadero frío!), que aun era verano!!! Mientras me respondían esto, yo me quedé congelada (no es metáfora), pero bueno, una sonrisa por aquí y una bromilla por allá me hicieron regresar al cuarto con un calentador de pared (lo enchufás y ya está, no es lo máximo pero funciona).

Además los encargados del hostal son encantadores, siempre pendientes de sus huéspedes.   Incluso habían visitado Costa Rica.  Durante nuestra estadía, nosotras pensábamos si éramos las únicas dos ticas que habían pasado por ahí, ahora me pregunto si este par de vecinos de La Vall de Boí serán los únicos aledaños en haber visitado Costa Rica.

El lunes por la mañana, muy de mañana, de noche más bien en este país, iniciamos el viaje de vuelta a Barcelona.  Teníamos que regresar el coche de alquiler a las 11 a.m. así que a las 6:30 a.m. salimos de La Vall de Boí.  El frío y la oscuridad de la madrugada mientras manejaba en medio de las curvas hizo que casi me arrepintiera de haber decidido hacerlo de esa manera.

Pero cuando empezó a salir el sol y las nubes empezaban a bajar a través de nosotras no me quedó ni una gota de arrepentimiento.  Ese camino merece hacerse a esa hora, la sensación mientras bajábamos los Pirineos era como la de cuando el avión desciende, pero al contrario del avión, en el carro íbamos despacio, casi como si fuéramos en un elevador transparente que baja lentamente,  saboreando cada nube, saboreando cada instante del regreso.

Dejo otras fotos del viaje:
Fruto del bosque, dice Denise que quizás venenoso, yo no lo probé...

Este río se encuentra al inicio de la caminata.
Si tocaba arrepentirse esta vista era suficiente.


Muy camuflado pero ahí estaba este sapito en medio del camino




Estos son MUY VENENOSOS!

Foto sólo con fines ilustrativos, no se recomienda repetirla





Hostal La Plaza durante el día. Erill La Vall.

La iglesia de Erill La Vall

El cementerio en Erill La Vall



Comprando mermelada en la Feria.

El baile del mediodía.



Grupo de música en vivo para el baile.

Juguetes artesanales.  Ese día en cualquier parte del bosque encontrabas a los niños con uno o dos de estos.



Aquí nos enteramos de lo venosos que eran estos champiñones

Las vacas de la Feria.


Barruera

Cementerio en el pueblo Boí.